Jorge Avilés: "Uno deja de buscar la cura y aprende a convivir con ella"
La luz del computador, el ruido del estudio y una jornada que parecía normal bastaron para desencadenar una nueva crisis. Jorge Avilés, periodista de Canal 13, sintió primero una puntada detrás del ojo. Después aparecieron las luces borrosas y el adormecimiento de las manos y la lengua. Ya sabía que no había vuelta atrás.
Pidió permiso para retirarse antes de terminar su jornada y emprendió un viaje de tres horas hasta su casa. En el trayecto comenzó a vomitar. "Cuando aparece el aura, ya sé que viene la crisis de migraña", cuenta.
Tiene 24 años y convive con migraña con aura desde los seis. Durante gran parte de su infancia, el dolor fue una visita frecuente, aunque no lograba explicar por qué aparecía. Los episodios lo obligaban a abandonar el colegio, cancelar cumpleaños y permanecer días completos encerrado en una habitación oscura.
Mucho más que un dolor de cabeza
Para Jorge Avilés, lo más difícil nunca ha sido únicamente el dolor. También ha debido enfrentar el rechazo de quienes minimizan la migraña a una simple molestia pasajera. "La gente siempre te dice que tomes agua o un paracetamol, pero no entienden que es un problema neurológico", explica.
Recuerda que una de sus primeras crisis graves ocurrió cuando aún era niño. En el colegio comenzó a ver borroso, vomitó y dejó de sentir parte de su cuerpo.
Con los años aprendió a identificar aquello que puede desencadenar un episodio: el alcohol, el chocolate, algunos alimentos, las luces intensas, el exceso de ruido o dormir pocas horas. Esa lista también terminó condicionando su vida social. "Hay que aprender a decir que no", reconoce. Muchas celebraciones, paseos y salidas nocturnas quedaron atrás porque el costo podía ser pasar días postrado.
La búsqueda permanente de alivio
Encontrar un tratamiento efectivo tampoco fue sencillo. Asegura haber probado prácticamente todos los medicamentos habituales para el dolor sin obtener resultados. Algunos tratamientos preventivos dejaron de funcionar al poco tiempo y otros nunca hicieron efecto.
Hoy lleva siempre consigo un medicamento sublingual que logra detener la crisis en pocos minutos y una inyección de emergencia para los episodios más intensos. También probó alternativas como el bótox tras conocer la experiencia de otros pacientes. Durante un mes las crisis desaparecieron, pero el efecto fue temporal.
Más de 18 años después de su primera crisis, Jorge cree que el principal desafío sigue siendo la falta de comprensión. Considera que en Chile la migraña continúa siendo una enfermedad invisibilizada, con pocos especialistas, escasa cobertura y políticas públicas insuficientes para quienes conviven con ella.
Por eso valora que hoy existan comunidades en redes sociales donde las personas compartan experiencias y derriben mitos, como la idea de que solo afecta a mujeres o que basta con tomar un analgésico para seguir con la rutina.
Mientras tanto, su estrategia es otra: conocer sus límites, evitar los desencadenantes cuando puede y aceptar que la migraña seguirá formando parte de su vida. "Al final uno deja de buscar la cura y aprende a convivir con ella", concluye.
