Migraña con aura en hombres: el caso de Jorge Avilés y una enfermedad invisibilizada que también los afecta

Jorge Avilés, de 24 años, vive con migraña con aura desde la infancia. Su testimonio revela el impacto de esta enfermedad neurológica incapacitante y visibiliza una realidad poco abordada: los hombres también la padecen y enfrentan la incomprensión frente a un trastorno sin cura definitiva.

Jorge Avilés tiene 24 años y vive con migraña con aura desde los 6. Su historia no solo refleja el impacto de una enfermedad neurológica incapacitante, sino también una realidad menos visible: los hombres también la padecen, aunque muchas veces se hable menos de ello.

Durante su infancia, las crisis eran frecuentes y cada vez más intensas. No se trataba solo de dolor: los episodios incluían vómitos, adormecimiento en las manos y piernas, dificultad para hablar. La recurrencia era alta, con varias crisis a la semana y al menos cuatro episodios fuertes al mes, lo que terminaba por inhabilitarlo completamente. “No podía hacer una vida normal, me tenían que ir a buscar, no podía salir ni estar al sol”, recuerda. El diagnóstico llegó recién en la adolescencia, tras pasar por varios especialistas. Hasta entonces, la incertidumbre y la falta de respuestas eran parte de su rutina.

El aura: síntomas tan impactantes como incomprendidos

Antes de cada crisis, Jorge experimenta el llamado aura, una alteración neurológica que cambia completamente su percepción. Comienza con luces en la visión, imágenes borrosas y una sensación progresiva de desconexión corporal. “Se me duermen las manos, la lengua, empiezo a ver borroso y ahí sé que no hay vuelta atrás”, explica. En los episodios más intensos, incluso pierde la conciencia. Sin embargo, desde el exterior, muchas veces no hay señales evidentes, lo que refuerza la idea de que se trata de una enfermedad invisible, difícil de comprender para quienes no la viven.

La incomprensión social

Uno de los aspectos más complejos ha sido lidiar con la percepción de los demás. Jorge asegura que la migraña sigue siendo minimizada, incluso hoy. “Te dicen que tomes agua o un paracetamol, pero esto es neurológico, no es un dolor común”, afirma.Esta falta de comprensión no solo genera frustración, sino que también afecta su vida laboral y social, donde muchas veces debe justificar síntomas que no se ven.

El desgaste de probar tratamientos sin encontrar una solución

A lo largo de los años, Jorge ha recorrido un camino marcado por la prueba constante de tratamientos, sin lograr una solución definitiva. Analgésicos tradicionales, medicamentos preventivos e incluso alternativas más recientes han sido parte de su experiencia. “He probado de todo y nada me funciona de forma permanente”, resume.

En esa búsqueda, también ha explorado opciones que encontró en redes sociales. A través de TikTok, vio cómo otros pacientes con migraña recomendaban el uso de toxina botulínica (Botox) como alternativa para reducir las crisis. Decidió intentarlo. “Estuve como un mes sin dolor, fue mágico… pero después volvieron las crisis”, cuenta. Aunque repitió el procedimiento, el efecto fue sólo temporal y finalmente no le dio resultados sostenidos.

Actualmente, utiliza medicamentos de emergencia para enfrentar los episodios más intensos, incluyendo inyecciones intramusculares cuando el dolor se vuelve insoportable. Sin embargo, ninguna de estas medidas previene realmente la aparición de nuevas crisis. Su experiencia refleja una realidad común entre quienes viven con migraña: la sensación de estar en un “círculo de prueba y error”, donde cada alternativa ofrece una esperanza que muchas veces termina en frustración.

En ese proceso, las redes sociales juegan un rol ambivalente. Por un lado, permiten visibilizar la enfermedad y generar comunidad; por otro, pueden fomentar soluciones que no siempre tienen respaldo médico o funcionan igual para todos. “No todos los cuerpos reaccionan igual. Lo que le sirve a uno, a otro no necesariamente le va a servir”, explica.

Incluso frente a opciones más extremas, como cirugías que han comenzado a difundirse en algunos medios, Jorge mantiene distancia. La falta de información clara y el miedo a empeorar su condición lo hacen optar por la cautela. “He intentado tantas cosas que ya no me arriesgaría sin tener certeza”, afirma. Más que encontrar una cura, su aprendizaje ha sido otro: entender que la migraña, hasta ahora, no se elimina, sino que se maneja. Y en ese camino, la incertidumbre sigue siendo parte de la enfermedad.

Migraña en hombres: una realidad poco visibilizada

Aunque la migraña tiene mayor prevalencia en mujeres, los hombres también la padecen, especialmente en formas complejas como la migraña con aura. Sin embargo, su visibilidad es menor y muchas veces se asocia erróneamente a factores exclusivamente femeninos. “Se cree que es algo de mujeres, pero nosotros también la sufrimos”, afirma Jorge. Esta percepción contribuye a que muchos casos no se comprendan del todo o se subestimen, reforzando el carácter invisible de la enfermedad.

Barreras en el sistema de salud y el trabajo

Más allá de lo personal, Jorge también apunta a dificultades estructurales. La migraña no siempre es tratada con la urgencia que requiere, a pesar de ser altamente incapacitante. Las licencias médicas suelen ser limitadas, no existe prioridad en servicios de urgencia y la enfermedad no está completamente integrada en ciertas políticas de salud. “Es una condición que te inhabilita, pero no se trata como tal”, señala.

El testimonio de Jorge evidencia una realidad que sigue siendo poco comprendida. La migraña con aura en hombres existe, es incapacitante y está lejos de ser solo un dolor de cabeza. En un escenario sin soluciones definitivas, la visibilización, la empatía y un mayor reconocimiento social y médico son claves para mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta enfermedad.

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