Migraña y salud mental: cómo vivir con una de las enfermedades más incapacitantes del mundo

Especialistas advierten que la migraña no solo provoca dolor físico, sino que también puede generar un fuerte impacto en la salud mental de los pacientes, afectando su vida social, laboral y emocional.

La migraña es una enfermedad neurológica que muchas veces se confunde con un simple dolor de cabeza, aunque su impacto puede ser mucho más profundo. En algunos casos, no solo altera la rutina diaria, sino también el bienestar emocional de quienes la padecen.

En este sentido, el presidente de la Asociación de Cefalea y Algias Craneofaciales de Chile (ACEFALCH), el Dr. Raúl Juliet, explica que se trata de una condición que suele ser subestimada tanto por el entorno como por los propios pacientes diciendo que “es una enfermedad neurológica que no solo implica dolor, sino síntomas como náuseas, fotofobia y sensibilidad al ruido”.

La migraña, añade el especialista, no puede reducirse únicamente a la idea de un dolor de cabeza común, ya que su presentación clínica es mucho más compleja y puede variar significativamente entre pacientes. En esa misma línea, el neurólogo de la misma asociación, Gonzalo Muñoz, enfatiza que se trata de un dolor de alta intensidad que puede llegar a ser incapacitante. “Es un dolor intenso que impide hacer las actividades del día a día”, advierte. Esto, explica, también contribuye a que muchas personas normalicen la enfermedad o la confundan con otros tipos de cefalea menos complejos, lo que retrasa el diagnóstico y tratamiento adecuado.

Desde el área de salud mental, la psicóloga clínica Carolina Herrera Troncoso, especializada en el acompañamiento de pacientes con migraña, señala que el impacto emocional de esta enfermedad suele ser profundo y sostenido en el tiempo. En su experiencia, no es raro que los pacientes desarrollen ansiedad o síntomas depresivos, especialmente cuando las crisis son impredecibles o muy frecuentes, lo que genera un desgaste emocional progresivo. Uno de los factores que más influye, explica, es la incertidumbre constante, el no saber cuándo aparecerá un episodio afecta la planificación diaria y genera una sensación permanente de pérdida de control. Y agrega que se suma a la falta de comprensión del entorno explicando que “muchas veces las personas son tildadas de exageradas. Existe un estigma que nace desde la ignorancia”.

De este modo, la falta de validación de la enfermedad no solo impacta en lo emocional, sino que también puede influir en la decisión de consultar tardíamente o incluso evitar atención médica.

En el plano cotidiano, factores como el estrés sostenido, los problemas de sueño y el ritmo de vida acelerado pueden actuar como detonantes de crisis en personas predispuestas. “El ritmo de vida es demasiado acelerado y muchas veces no es compatible con lo que necesita una persona con migraña”, explica Herrera, advirtiendo que este contexto puede intensificar la frecuencia e intensidad de los episodios.

El impacto también se extiende al ámbito laboral, donde muchas personas deben continuar trabajando pese a estar en crisis o bien ausentarse de forma recurrente, lo que termina generando desgaste emocional y sensación de incomprensión, en este sentido, para el Dr. Juliet, esto refuerza la necesidad de abordar la migraña como una enfermedad neurológica compleja y no como un dolor pasajero, considerando además que sigue siendo una condición ampliamente invisibilizada en el sistema de salud.

En esa línea, la psicóloga Herrera insiste en que el abordaje no puede ser exclusivamente farmacológico, ya que el componente emocional es clave en el manejo integral de la enfermedad sosteniendo que “entender la migraña es fundamental. Si se trata como un dolor de cabeza, no se está manejando correctamente”. Además, enfatiza en que convivir con la migraña implica un proceso de adaptación que requiere autoconocimiento, identificación de gatillantes y respeto por los propios límites diciendo que “la migraña te obliga a escucharte y a entender tus propios ritmos. Ese proceso es clave para poder sostener la vida cotidiana sin colapsar emocionalmente”.